El imperativo categórico y el primer mandamiento judeo cristiano II
El imperativo categórico de Immanuel. Kant (1724 - 1804), en la traducción de J. Rovira Armengol de 1977, se enuncia: "Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre al mismo tiempo como principio de una legislación universal". Esta formulación la complementa Kant en su Tesis IV con la afirmación: "La autonomía de la voluntad es el único principio de todas las leyes morales y de los deberes que le convienen", y luego afirma: "En efecto, el único principio de la moralidad consiste en la independencia de toda materia de la ley (o sea de un objeto deseado) y, no obstante, al mismo tiempo en la determinación al arbitrio por la sola forma legislativa universal de que debe ser capaz una máxima"; añadiendo: "Por consiguiente, la ley moral no expresa sino la autonomía de la razón práctica pura, es decir, de la libertad, y esta misma es la condición formal de todas las máximas, la única bajo la cual pueden concordar con la ley práctica suprema".
Es inexpresable el placer que se experimenta al reconocer, en el imperativo categórico kantiano, la profundidad intelectual a la que llega para fundamentar un principio de interrelación humano que eleva "lo humano", como condición apetitiva y vulnerable, a la manera de animal, a una condición de Humano (Humanidad) que trasciende dicha condición apetitiva y vulnerable a niveles de conciencia distintos a lo que concebimos como animalidad: seres organicos animados con instintos que requieren satisfacción para su supervivencia física material.
Es así como podemos entender la posibilidad de asociación de seres humanos en una sociedad (asociación de individuos) cuyas costumbres comprendan reglas de conductas que preserven la asociación por encima de apetitos y presunciones de vulnerabilidad entre individuos. Tal objetivo solamente se hace posible cuando, mediante el cultivo de la racionalidad, propio de lo humano, se introduce el más elevado conocimiento posible que es el "conocimiento de uno mismo", y se crea una conciencia ampliada (Conciencia) del estado de vigilia que permite al hombre, en su condición animal, movilizarse y crear medios de vida que superan su contacto exterior con sus semejantes y su universo circundante para incluir el enriquecimiento de intercambios de diferentes habilidades, capacidades e intereses en un mundo compartido de posibilidades y potencialidades que promuevan, además de convivencia, la preservación del medio circundante y su cuidadosa atención y consideración para el mayor bien y los más elevados fines que involucren a las partes integradas e integradoras del Universo percibido y perceptible en su dinámica evolutiva individual y colectiva.


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