viernes, 1 de noviembre de 2024

Espíritu y Materia


En la antigua Grecia, el nacimiento de la filosofía se realiza en la reflexión sobre el origen del universo, y los primeros filósofos plantean la tierra, el aire, el agua y el fuego como fundamentos de lo material, lo que la percepción humana tiene capacidad de recibir con vista, oído, olfato, gusto y tacto. Lo espiritual, hasta donde he recibido en mi recorrido intelectual, no formaba parte del surgimiento de la materia y sus manifestaciones. Sin embargo, una vez que se inicia el recorrido por el origen del universo, surge, sin ser obvio, lo espiritual, pues el solo reflexionar implica la presencia de algo que no existe separado del originar que se plantea en la reflexión.

Aunque se postule, en algún momento, la energía como fuente de cambios y causas, siempre queda la reflexión misma y sus productos, incluída la energía, como algo que se manifiesta sin tener, necesariamente una fuente propia, salvo la mente y el pensar propios de la reflexión que es expresión de algo que subyace, pero carece de presencia a la reflexión. Incluso el lenguaje, oral y escrito, comienzan a dibujar existencias fuera de lo meramente perceptible.

Surge, posteriormente, la concepción de la energía como causa de transformaciones y cambios en el universo. Incluso, uno de los filósofos que inician las reflexiones y concepciones de la filosofía, Demócrito, postula una "teoría atómica", que concibe partículas mínimas como constituyentes de los cuerpos y sustancias fundamentales.

El pensamiento mismo, algo intangible, y la comunicación entre seres, implican significaciones que, junto con el surgimiento y desarrollo de la aritmética y la geometría, originan un universo paralelo de concepciones simbólicas y deducidas de relaciones puramente definitorias y significativas para el ser humano como comunidad.

En el pensamiento kantiano, heredero del platónico, postula una intuición, razón y entendimiento puros, en los cuales la materia y la experiencia humanas son vistos como productos que requieren una cualidad propia del pensamiento y capacidad de conceptualización necesarios para que se produzca la unidad propia del conocimiento en toda su extensión. Este es el origen del idealismo trascendental kantiano que postula intuiciones, entendimiento e ideales de la razón pura. O sea, una razón necesaria y subyacente a la razón empírica. Las categorías, paralogismos e ideales de la razón pura trascienden la materialidad, y constituyen una nueva metafísica que, según la expectativa de Kant, deben ser profundizadas por aquellos que le sigan en su modelo del ser humano como productor de conocimiento.

El mismo surgimiento de la teoría de la relatividad y la física cuántica son pasos que pudieran tomarse, junto con los esfuerzos de Husserl por conseguir explicación "científica" a la fenomenología, tema que puede ser considerado resuelto por Kant "satisfactoriamente" en sus Críticas, como inicios a un nuevo paradigma digno de ser replanteado, a pesar de la evolución autónoma de los planteamientos surgidos de la biología y la psicología.