El imperativo categórico y el primer mandamiento judeo cristiano I
Es, aparentemente obvio, que las reglas y leyes de convivencia y civilidad, contrapuestas al caos, la guerra y la destrucción, son condicionantes y, supuestamente objetivas, a la naturaleza racional y consciente del ser humano. Su formulación y dictamen intentan resolver los factores de apetitividad y vulnerabilidad de la condición animal e inconsciente, propias de nuestra vida natural, caracterizada por nacimiento, maduración y fallecimiento.
Las reglas y leyes de convivencia ponen, como es, aparentemente obvio, la carga y cumplimiento de dichas reglas y leyes, sobre el individuo y las agrupaciones de individuos. Y crean organismos de observación y evaluación que permitan hacer un seguimiento al cumplimiento y flexibilización cuando las circunstancias lo ameriten.
En los Cuatro gigantes del alma (miedo, ira, amor y deber), Emilio Mira y López trata, en la sección dedicada al Deber (como único gigante originado por lo social, como complementación al instinto de supervivencia humano) los orígenes de la moral. En tal sentido, establece los fuertes lazos de condicionamiento que constituyen la "acción y reacción" del individuo ante las necesidades requeridas por la asociación humana en grupos coherentes y, objetivamente, ventajosos para la supervivencia individual y grupal. Tal Deber, como los otros gigantes (miedo, ira y amor), se enraíza en la psiquis del individuo mediante el hábito y la costumbre como un condicionamiento educativo que se sobreponga a los instintos naturales de supervivencia, y que promuevan el grupo (familia y relacionados) como entes similares a un cuerpo común "civil" para la complementación en las tareas de suministro de alimentos, vestido y habitación necesarios al desarrollo de la vida en comunidad.
Así surge el interés humano por el área de consolidación de un modelo de supervivencia que, manteniendo la individualidad de origen, forme una comunidad de complementación de habilidades para el intercambio (comercio) exigido por la constitución orgánica del cuerpo, y ampliado en la civilidad de "ciudadanos" de una comunidad de individuos "semejantes" en intereses, costumbres y convivencia surgidas de lo biológico y su entorno.
En este contexto surgen la religión y las leyes, como fundamentos de un Ser Humano en evolución hacia niveles de Conciencia, un darse cuenta ante sí mismo, de "mundos" más allá de lo perceptible mediante los sentidos de vista, oído, olfato, gusto, tacto y propiocepción. Estos mundos o niveles de conciencia tienen su origen en cuerpo (físico), imaginación, emoción, mente y subconsciente, que pueden, a su vez, originar una supraconciencia, integrada con lo material perceptible a los sentidos orgánicos del individuo, que constituyan el Universo, origen y meta de La Vida en todas sus manifestaciones de Evolución como la "vemos" actualmente desde la perspectiva "Humana"


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