lunes, 21 de abril de 2025

La Comunidad

Hay una comunidad, a la que tengo el gusto de pertenecer, cuyas reglas de pertenencia, además de las propias de un grupo de seres responsables de si mismos en el ámbito social, son sencillas de comprender, aunque requieran un cierto nivel de práctica. Tales reglas son

No te lastimes y no lastimes a otros

Cuida de ti, para que puedas cuidar a otros

Utiliza todo para avanzar, para aprender, para crecer

Adicionalmente, cuando se comparte con el lenguaje oral en el grupo, se pide confidencialidad. Esta  confidencialidad supone que el compartir no  sea comentado, ni referido, ni compartido, tanto dentro del grupo como fuera del mismo.

Estás reglas permiten que la amorosidad (que entiendo como aceptación, cooperación y respeto hacia cada participante y el grupo mismo) contribuyen a una cohesión que aglutina y permite la evolución personal y responsable, individual y colectiva.

La comunidad, según se entiende el concepto, implica intereses, comunicación y costumbres semejantes en los participantes.

Y me pregunto ¿Los humanos, como especie, forman una comunidad, aparte de las diferencias grupales de situaciones, circunstancias, experiencias, diferencias de raza, colores, costumbres, creencias y otras muchas? Más todavía: ¿el mundo y el universo del que formamos parte está fuera de las reglas básicas de la comunidad, aunque supongamos unidireccional la comprensión racional del mundo y universo no humano en su mantenimiento y conservación para el mayor bien y los más elevados fines según el mejor entendimiento del humano en su contexto vital?

Se me ocurre que, tal vez, La Vida, manifestada y expresada como dinámica espacial y temporal de la manera humana de estar en su mundo y universo, podría evolucionar en una forma acorde con la mejor preservación, manifestación y expresión de la manera humana de Ser y Estar en su periodo vital individual y colectivo.