lunes, 17 de marzo de 2025

Individuo humano y Dios 01

Uno de los tópicos que el ser humano ha considerado importante en la historia narrada por las generaciones sucesivas de estudiosos es la sociedad y la convivencia. Así mismo, han aparecido individuos cuyo interés ha sido sentar las bases de una asociación humana que promueva una sociedad pacífica y cooperativa entre los individuos y entre los diferentes grupos humanos propios de las diversas regiones geográficas.

Los individuos más lúcidos de lo que denominamos la especie humana crearon ideales específicos para unificar los diferentes grupos. Entre los más afortunados de dichos ideales podemos considerar al Dios de tribus, tanto nómadas como sedentarias, y el Tao surgido en la civilización China y concretado por el Tao Te King de Lao Tse.

El  ideal de Dios, creado por los grupos tribales y similares, atiende al establecimiento de reglas de convivencia y culto que transforme al individuo en un seguidor (fan) que internalice reglas de convivencia que, en general, actúen como frenos ante la condición apetitiva y vulnerable de los instintos naturales del individuo, sin tomar en cuenta el cuerpo, la imaginación, la emocionalidad y la capacidad relacional de la mente (que denominamos racionalidad) del individuo en su contexto.
El ideal del Tao postula un universo dentro del cual el individuo actúa para realizar su vida en un flujo similar al de una masa de aire (vientos) o de agua (ríos, lagos y océanos) de forma que los obstáculos al fluir sean manejados en forma individual en los diversos contextos que le corresponda habitar en su devenir vital.
El Tao tiene la ventaja, sobre el ideal de Dios, de que el individuo se considera la fuente u origen de su acción, aunque no toca lo que, por naturaleza, implica la condición de asociación libre y regularizada propia de lo natural del nacimiento, crecimiento, progreso en experiencia y disfrute de lo social en intercambios afectivos y cooperativos.
La carencia de ambos ideales, aunque no obvia para las diferentes maneras de ver de los individuos humanos, es que, tanto Dios como el Tao, como ideales de guia y asociación, dejan al individuo fuera, como si el individuo no fuera parte del Tao, y como si el individuo no fuera Dios en manifestación a través de uno de sus constituyentes.
La ventaja del Tao sobre el ideal de Dios es que el ideal no se convierte en objeto de culto, fanatismo y exclusión. Por el contrario, el Tao se transforma en una entidad que requiere participación, respeto, admiración y cuido sin atender particularidades geográficas, circunstanciales ni vitales a la manera orgánica de la anatomía, fisiología e higiene propias de la biología y equilibrio medio ambiental.