lunes, 30 de diciembre de 2024

Tiempo, espacio, materia y energia

Imagino el inicio del devenir humano a la manera de J V Jansen en su novela Periplo escandinavo y veo a los primeros humanos pensantes e imaginativos que aprehendían el universo circundante y se veían obligados a unirse y comunicarse para superar los retos que la naturaleza  les presentaba, sin ciencia previa que los orientará y lo primero que me viene al pensamiento y la imaginación es la materia de sus cuerpos frente a los árboles, agua, tierra, aire y el fuego de los volcanes humeantes. Tal multitud de presencias materiales y un entorno que podían recorrer les ofrecían los elementos del lenguaje materia, espacio, tiempo y energía.

La materia era la multiplicidad de formas perceptibles que le ofrecían una infinidad ante la cual solo la palabra infinitud tendría sentido como vocablo que reflejará lo que el pensamiento y la imaginación les presentaba mediante su capacidad sensible de vista, oído, olfato, gusto y tacto, incrementado con su propiocepción para definir su cuerpo posicional y sensitivamente. Surge, naturalmente, la necesidad de medir su recorrido del entorno mediante dos vocablos que sintetizan su experiencia: el espacio como ámbito que contiene la infinitud y el tiempo que resume la eternidad en su pensamiento e imaginacion ante su limitación vital de ver surgir, desarrollarse y decaer aquello que orgánicamente se presenta como devenir de Vida.

La energía, propia del fuego como elemento material y el calor de la presencia del sol, que promueve la Vida en todas sus manifestaciones, es el elemento que cierra la creación imaginativa de estas palabras del lenguaje: tiempo como medida para recorrer mediante el movimiento, cambio, transformaciones y evoluciones, que implican energía en diversas manifestaciones, de la materia, y espacio como aproximación a la infinidad de presencias ante la percepción que el pensamiento y la imaginación, formas de energía propias del devenir humano, hacen surgir el conocimiento como memoria organizada para el devenir en curso

Convivencia

Existen tres expresiones linguísticas que tocan el tema de la convivencia en forma regulativa y funcional para lo que solemos entender como convivencia. Y, en mi opinión, implican la aceptación de las diferencias entre las personas y su entorno con la naturalidad propia de la diversidad de figura-fondo, forma, materia, perspectiva y puntos de observación y de vista. 

El primero se expresa: "Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo."

El segundo dice: "Actúa de manera tal que la máxima surgida de tu accion pudiera ser principio de una legislación universal.

Y la tercera comprende tres reglas: 1. No te lastimes y no lastimes a otros; 2. Cuida de ti para poder cuidar a otros; 3. Utiliza todo para avanzar, para crecer, para conocerte a ti mismo.

En este discurso me detendré en el "Amar" de la primera expresión, por considerarla la menos clara del discurso. En efecto, Amar tiene dos connotaciones directas y muchas indirectas. 

Las primeras son amor y amistad, que implican afinidad, sintonía y empatía natural en las relaciones interpersonales y grupales. En consecuencia, la convivencia es fluida y sin tropiezos, incluso en casos de perspectivas y puntos de vistas confrontados, que pudieran generar conflictos, confrontaciones y enemistades incidentales que requerirían de acciones de consideración especiales para la complementación de dichas diferencias.

Las connotaciones indirectas se refieren a la formación de contextos grupales de regularidad social, religiosa y política particularmente, que pudieran crear  comportamientos y costumbres opuestas y contradictorias en el trato cotidiano de convivencia y solución de obstáculos comunes grupales.

Es aquí donde el término amor tiene importancia fundamental para establecer un substrato de entendimiento y solución de conflictos, diferencias y confrontaciones, sin que intervengan intolerancias personales y grupales que hagan de la convivencia un problema de salud y balance en la vida y cotidianidad de los individuos y grupos. De manera que, siempre, la armonía y bienestar estén presentes como fruto de un entendimiento agradable de convivencia e intercambio.

El primer elemento de este arte debe fundamentarse en el sistema educativo de los individuos en la escolaridad, mediante la introducción de elementos de autoconocimiento y conciencia que permitan que el mundo interior físico, emocional, imaginativo, mental, activo y reactivo esté presente como un "darse cuenta del 'mundo interno' frente al 'mundo externo' de cada individuo" en cada unidad de enseñanza aprendizaje, tanto para los docentes como para los receptores de la actividad docente. 

El objeto de la actividad docente está enfocado actualmente en el "mundo externo", incluso lo relacionado con la anatomía, fisiología e higiene del individuo; y el ámbito subjetivo, incluso de la psicología, está enfocado desde una perspectiva objetiva, como si el mundo interno, que, en si, es un laboratorio de estudio, consideración y evaluación, constituyera un "algo exterior al individuo" y no el individuo mismo.

Así mismo, el mundo exterior al individuo es enfocado como "algo" cuya relación con la anatomía, fisiología e higiene del individuo estuviera contrapuesta a su "convivencia", en conflicto y contradicción con su sustento, complementaridad e interés de vida y mantenimiento como "opuesto", de alguna manera, indiferente y prescindible para la vida en comunidad y consideración.

El aprecio, respeto, delicadeza y consideración que forman parte de la tercera expresión enunciada para la convivencia, deberían constituir un contexto ampliado de convivencia que incluya al entorno en el cual se desarrolla y manifiesta La Vida en todas sus expresiones, valga la redundancia, para el inicio del proceso de enseñanza aprendizaje del individuo desde sus primeros años hasta su culminación formativa técnica, tecnológica, científica y profesional. Así como el autoconocimiento y conciencia como un "darse cuenta de su mundo interior frente a un mundo exterior" es requisito esencial de convivencia, también es necesario imbuir al individuo en un "darse cuenta de su particular presencia individual como parte de una Presencia Interior" de la que forma parte significativa de atención, cuido y consideración para la preservación de cuanto lo sustenta, alimenta y cobija, en El Universo que lo rodea, envuelve y llena.