Cuando evaluó el lenguaje como medio de comunicación, me doy cuenta del vacío del conocimiento y de algo más significativo que el conocimiento: el vacío del Dios de la religión que se me ha enseñado desde mi infancia.
El lenguaje, como medio de comunicar, fue creado por el humano para manejar, con sus semejantes,, el entorno material y, en consecuencia, creó palabras que se referían a los diversos objetos y circunstancias, presentes ante el y sus semejantes mediante los sentidos de vista, oído, olfato, gusto y tacto, que le correspondía manejar, y que estaban al alcance de sus semejantes en dicha necesidad de administrar en función de sus necesidades y posibilidades de alimentación, protección y defensa para su supervivencia y comodidad vitales.
Al designar palabras surge el proceso de conceptualización. O sea, el humano crea palabras, sonidos y, posteriormente, vocablos, que conceptualizan y vacían de contenido, los diversos fenómenos, objetos, situaciones y experiencias que necesita administrar con sus semejantes para sus necesidades de supervivencia en condiciones que le resulten favorables y accesibles como individuo y como agrupación de individuos.
Este vacío no le es, ni le ha sido evidente, por la sencillez de presencia ante el mismo entorno y comprensión de los diferentes puntos de encuentro entre los componentes del grupo.
En este sentido, ha surgido una automatización del lenguaje, como conjunto de significaciones, que, al no sele evidente, al no darse cuenta de la diversidad y multiplicidad que administra, ha originado un vacío de contenido que, hasta el presente, ha obviado la posibilidad de dar contenido a cada parte de las conceptualizaciones y ha originado que aparezcan, inexorablemente, significaciones que, a pesar de ser sobreentendidas, por los integrantes de grupo, como referidas a un algo común, ha creado un vacío comunicacional que, referido a un fenómeno común, tiene una amplia diversidad de contenidos, desde la experiencia vital de cada individuo del grupo, y una multiplicidad, que impide una común aprehensión y comprensión de contenidos unidireccionales para la consecución de objetivos que incluyan el contexto, el entorno, y los fenómenos que, formando parte de la totalidad, se ven afectados, aleatoria y precariamente, a la convivencia y sintonía con las necesidades y requerimientos del entorno y sus constituyentes fenoménicos y materiales.
La ciencia, en particular, se alimenta de conceptos cuyo contenido tiene más que ver con la manera en que el humano percibe su entorno y semejantes, que con el contenido del entorno y sus partes y los requerimientos de supervivencia y calidad de sintonía y armonía de cada individuo de los que administran y de los elementos que son objeto de dicha administración y manipulación.
El darse cuenta de cada individuo, comienza a ser un aspecto importante para lo humano en convivencia consigo mismo y con su entorno para la supervivencia de lo que acostumbramos a denominar vida. Entendiendo que el término Vida se refiere a ese ser que idealizamos en el lenguaje como Dios, Universo, Mundo, y que Nos incluye, como parte tanto como totalidad de la que somos Uno. Está en cada Ser, fenómeno, situación, experiencia y vivencias, como expresión y manifestación que nos abarca, alimenta, proteje y guía, en la medida en la que participamos, cooperamos y administramos para un bienestar que cree, promueva y permita que dicho Universo, dicho Dios, siga imperando, tanto en lo que conocemos como en lo que administramos, con la prudencia y el cuidado que ameritan lo que está fuera de nuestra peculiar y humana manera de percibir y percibirnos.